El arte de cocinar sin ropa

El arte de cocinar sin ropa

A pesar de las quemaduras ocasionales, los nudistas dicen que su relación con la comida —en el hogar o en los restaurantes— es mejor y más saludable cuando van desvestidos.

Karyn McMullen está harta de que le pregunten cómo hace para cocinar tocino cuando está desvestida.

 

Es una de esas bromas que la gente no puede evitar hacer sobre los nudistas, y para McMullen, que ha cocinado desnuda durante más de dos décadas, una muestra de lo incomprendido que es el nudismo. Muchas personas solo piensan en los riesgos —salpicaduras de aceite, pequeñas quemaduras— y no en los beneficios.

“Adoptar el estilo de vida del nudismo me ha permitido experimentar mis sentimientos”, comentó una mañana en que no llevaba nada puesto más que una resplandeciente manicura, mientras salteaba pimientos morrones en la cocina de su casa en el centro vacacional nudista para familias de Lake Como en Lutz, a unos 30 kilómetros al norte de Tampa, donde vive con su esposo, Jayson McMullen.

“Pero si quieres saber la verdad”, añadió con un suspiro de resignación, “compro tocino precocido y lo pongo en el microondas sobre una toalla de papel”.

Según un estudio de 2011, el último disponible, realizado por la empresa de servicios de mercadotecnia Ypartnership y Harrison Group, los McMullen son dos de los más de diez millones de estadounidenses que se identifican como nudistas, o naturistas. Algunos historiadores afirman que el movimiento naturista moderno en Occidente surgió en Europa en el siglo XVIII como forma de promover la salud mediante la exposición del cuerpo al aire limpio y a la luz del sol; otras personas remontan sus orígenes al siglo XIX en Alemania, como una forma de rechazo a la industrialización al vivir de un modo más sencillo y más cercano a la naturaleza.

Surgieron balnearios, grupos y playas nudistas, y cuando los alemanes migraron a Estados Unidos en el siglo XX, algunos trajeron la filosofía naturista. Ahora, los nudistas viven en todo el país, aunque, lógicamente, muchos se concentran en sitios de clima cálido. Erich Schuttauf, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense para el Esparcimiento Nudista (AANR, por su sigla en inglés), comentó que los miembros de la comunidad suelen ser personas mayores, con mejor preparación y más adineradas. En 2017, este grupo calculó que la industria del turismo nudista en Florida, que en ese entonces contaba con 34 balnearios nudistas, cada año atraía a 2,2 millones de visitantes nudistas a ese estado.

Así que no fue raro que The Chicago Tribune recientemente publicara un artículo sobre la creciente popularidad de la escapadita sin ropa o “vacaciones al desnudo”. Ni que la revista Bon Appétit publicara “Nueve reglas para cenar desnudos: la etiqueta de los balnearios nudistas” (Consejo número siete: “¡Sube la mirada, amigo!”). Ni que la AANR publicara en el otoño tres recetas —pollo con arroz horneado, carne rostizada y lasaña de pollo— que consideraba seguras para que cocinaran sus integrantes.

Sin embargo, muchos nudistas rechazan la idea de que cocinar —o vacacionar o vivir en general— sea más difícil para ellos que para las personas que traen ropa. De hecho, cuando se trata de cocinar y cenar, muchos nudistas son tajantes: es mejor hacerlo desnudos. Se sienten menos inhibidos y más creativos.

“Es como un pintor cuando libera su mente de todo lo demás”, señaló Jack Clark, que pasa una parte de su vida en el balneario de Lake Como. “Pinta cualquier cosa”.

El movimiento nudista se ha asociado históricamente a la comida: cuando surgió en Europa, tenía que ver en la misma medida con la dieta que con la ropa. Algunos nudistas evitaban comer platillos con mucha carne y adoptaban el vegetarianismo y la comida saludable.

En la actualidad, la comida sigue siendo parte integral de la experiencia en Lake Como. Este es el centro vacacional nudista con más tiempo en operación de manera continua en Florida y funciona como una especie de campamento de verano y de residencia para jubilados.

Algunos clubes y balnearios nudistas ofrecen un restaurante o alojamientos con cocina. Lake Como tiene ambas cosas, lo que garantiza que los huéspedes nunca tengan que ponerse ropa para cenar. Su restaurante, que ofrece todos los servicios, el Bare Burns Cafe, sirve arrachera y camarones, mientras que un bar llamado Butt Hutt, decorado con placas de automóviles y luz intensa, ofrece noches de karaoke y para aficionados destinado a personas desnudas.

No existen códigos de vestimenta (o de no vestimenta) en el restaurante ni en el bar, aparte de la regla de que, por razones de higiene, todos los huéspedes que estén desnudos deben llevar una toalla para sentarse. Una mañana de sábado de enero, un hombre miraba su teléfono mientras devoraba un plato de huevos fritos mientras otro que pasaba en un carrito de golf iba comiendo una dona glaseada. Otros hacían jardinería, jugaban voleibol, leían libros, paseaban perros. Sucedía que estaban sin ropa.

Tanto los residentes como los invitados dijeron que la mayor parte de las personas en el complejo son blancas. (A nivel nacional, en Estados Unidos hay organizaciones como la Black Naturists Association que busca crear una comunidad para nudistas no blancos).

Algunas personas en Lake Como comentaron que estar desnudas les ha ayudado a cultivar una relación más positiva con la comida.

Karyn McMullen, una sobrecargo de 60 años, fue criada en Massapequa Park, Nueva York, y cuando tenía casi 40 años pesaba 140 kilogramos. “Iba a la playa con un traje de baño que parecía un globo gigantesco, y oía que la gente se reía y murmuraba”, comentó.

Una amiga le recomendó que fuera a una playa nudista en Nueva Jersey. “Tuve el valor de meterme a mi auto e ir para allá y, por primera vez, nadie se me quedaba viendo. Nadie me juzgaba. De inmediato supe que eso era para mí”.

Desde entonces, McMullen ha perdido 84 kilos, pero para ella eso es lo menos importante. Para sentirse bien sobre su apariencia, todo lo que tuvo que hacer fue quitarse la ropa, afirmó.

Hablaba de andar desnudo y cocinar como si fueran una y la misma cosa mientras preparaba carnitas en su olla de presión eléctrica. Su esposo, un jubilado de 63 años que se dedicaba a la plomería, rasgueaba su guitarra.

“Es muy creativo” dijo McMullen. “Es muy para que cada quien haga lo que desea. Puedes tomar lo que quieras y dejar el resto”.

Los McMullen viven aquí pero viajan con frecuencia y se quedan en otros sitios para nudistas cuando pueden. De sus paredes cuelgan fotografías grupales en cruceros al desnudo. McMullen tiene dos hijos adultos que la visitan de vez en cuando y se desnudan. Para cuando la ocasión lo requiere, como cuando deben hacer la compra, la pareja guarda ropa en un cuarto donde están los implementos de limpieza.

Del otro lado del balneario, otra pareja, Clark y Maryanne Rettig, se preparaba para recibir invitados a cenar, algo que quizás ellos no hubieran hecho cuando siempre usaban ropa.

“Yo era una persona muy tímida, nerviosa e introvertida”, comentó Clark, de 63 años. “Yo diría que aislado. No tenía muchos amigos. En el momento en que me desnudé, eso desapareció en dos segundos. Me cambió la vida”.

Hace cuatro años, Maryanne, de 62 años, recibió tratamiento para el cáncer de los ganglios linfáticos, lo cual limitó su movilidad del brazo derecho. Ese brazo se le hinchaba con frecuencia, así que tenía que usar ropa holgada. Un día, acompañó a unos familiares a una playa nudista. En cuanto se quitó la ropa, nada de eso volvió a ser un problema. Se sintió cómoda.

Ambos pasan su tiempo entre Orlando y su casa en Lake Como. Durante la semana, Clark trabaja como optometrista y Maryanne administra un grupo sin fines de lucro llamado Tampa Bay Free Beaches, el cual cabildea para que haya otras zonas de Florida disponibles para el esparcimiento de los nudistas.

Fuente: New York Times

 

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