Habanos: El gusto evoluciona

Nadie asegura con certeza cuándo se comenzó a cultivar la planta del tabaco, aunque se sabe que fueron los pueblos aborígenes del continente americano quienes primero lo cultivaron y fumaron, si bien no fue hasta el trascendental viaje de Cristóbal Colón en 1492 que el mundo conoció de este producto.
Cuando en los albores del siglo XVI llegó a Europa la prodigiosa hoja del tabaco, llevada por el señor Jean Nicot, quien fuera embajador del Rey de Francia en Portugal, y este le obsequió a la Reina Catalina un poco de polvo de tabaco, que uso la monarca para aliviar sus jaquecas, comenzaba el primer escalón de la evolución del uso del tabaco, entonces utilizado como medicina.
Fue tal la popularidad de este empírico médico que a la planta de tabaco se le da el nombre de “Nicotiana tabacun”. Ya para entonces las formas de consumo del tabaco incluían el famoso y codiciado rapé, que los aborígenes le atribuían efectos alucinógenos, y del cual los europeos fueron altos consumidores, destacando entre ellos al emperador Napoleón Bonaparte.
También estaban los que gustaban masticarlo, aquellos que cargaban de picadura las legendarias y maravillosas pipas, o quienes preferían fumarlo responsablemente y en forma de puros, pues la industria del cigarrillo es también hija de la industria del puro.
Para gusto se han hecho los colores y para fumadores los habanos. Este podría ser el slogan de alguna campaña publicitaria. Detrás de esta idea se esconden amplias interrogantes. ¿Qué fumamos hoy? ¿Qué fumaremos mañana?
Hoy Habanos cuenta con una impresionante nómina de más de ochenta vitolas diferentes (solo de tripa larga); algunas muy repetidas de marca en marca y otras casi a punto de extinción.
No obstante, el gusto de los fumadores ha evolucionado no tanto en sabores como en formatos.
Tal pareciera que la época de oro de las coronas ya es un tanto “onda retro”, aunque algunas de ellas siguen teniendo aceptaciones, fundamentalmente las coronas, las marevas, las coronas grandes, los Lonsdales o Cervantes y las elegantes Dalias.
Igualmente se mantienen en la preferencia de los fumadores algunas de menor cepo pero igual calibre medio como es el caso de las cremas, destacando el tubo no. 1 de Romeo y Julieta; o las perlas, tan apropiadas para fumadas de poco tiempo en un bar, antes de una cena o para personas no conocedoras que nos interesa iniciar en este apasionante mundo.
En esta evolución modernista son, sin duda, los calibres gruesos los que mayor desarrollo y nuevas vitolas aportan. Tal es así, que la era de los robustos pareciera estar dando paso a lo que podría llamarse los súper robustos, o quién sabe si tuviéramos que incluir una nueva nomenclatura de calibres extra gruesos.
Los calibres superiores a un cepo 52 se imponen cada día con una fuerza mayor y lo que hace algunos años se creía incómodo fumar, hoy se ha convertido en moda y ha demostrado que un cepo 54, 55, e incluso 56, posibilitan una fumada excelente, y permite a los maestros ligadores, crear un balance maravilloso en la configuración de la ligada, con un efecto potenciador en combinar y armonizar mejor tanto el sabor, como el aroma y la combustibilidad, propiciando una bocanada fresca y muy placentera.
Este podría ser un efecto positivo de la crisis. Tal vez ha sido una salida inteligente para utilizar la materia prima que excede de la disminución de la producción en unidades. Cualquiera que haya sido la causa, muchos les estamos agradecidos a los resultados.
Lo cierto es que los calibres gruesos hoy se imponen, y eso nos hace preguntarnos si algún día llegaremos a fumar un cepo 60…El tiempo nos dirá la respuesta.
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